Ya no recuerdo la última vez que pisé ese pasto seco y
amarillento. Ya no recuerdo lo que se siente ponerse unos botines, olvidarse
las canilleras ni el aroma a laverap de esa vestimenta bordó. Mucho menos
recuerdo los viajes largos ansioso por llegar, tanto de ida como de vuelta. En
mi cabeza suena la melodía de Baberito pero
la letra fácil y pegadiza que tan bien sabe nuestro capitán ya se transformó en
un signo de pregunta. Extrano el dial de la "petrecumbia". Extraño y no se por qué las ventiscas heladas del domingo
por la mañana que hacían que mis huevos se acurruquen y suban a visitar a mis
intestinos. La previa, la entrada en calor, el maquinarnos toda la semana para
ganar son cosas que están ausentes hace un rato largo en mi vida.
¡¿Hace cuánto que no jugamos un partido?! Veo la fecha de la
última crónica y registra un 29 de julio. Un mes casi exacto que parece un año
o una década y quizás un siglo, y por qué no, un milenio. Un mes sin pisar una
cancha, sin correr, sin tocar una pelota, sin putearse, sin gritar un gol. ¿Se
seguirá gritando gol? ¿Habrán cambiado la palabra mágica? No sé. Lo que si sé es
que el domingo me van a volver los recuerdos de todo esto y de la mano volverán
las ganas de vivir.
Me llegó un rumor de que Cuqui Espinosa viene posponiendo
las fechas porque tiene miedo de jugar con Mazoko. Lo ve entonado y sabe que
Baila no lo podrá parar. Pero ya nada puede hacer, es el momento de la verdad. ¡Si
el domingo no hay fecha que quilombo se va a armar!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario