lunes, 27 de agosto de 2012

¡Si no hay fútbol el domingo que quilombo se va a armar!


Ya no recuerdo la última vez que pisé ese pasto seco y amarillento. Ya no recuerdo lo que se siente ponerse unos botines, olvidarse las canilleras ni el aroma a laverap de esa vestimenta bordó. Mucho menos recuerdo los viajes largos ansioso por llegar, tanto de ida como de vuelta. En mi cabeza suena la melodía de Baberito pero la letra fácil y pegadiza que tan bien sabe nuestro capitán ya se transformó en un signo de pregunta. Extrano el dial de la "petrecumbia". Extraño y no se por qué las ventiscas heladas del domingo por la mañana que hacían que mis huevos se acurruquen y suban a visitar a mis intestinos. La previa, la entrada en calor, el maquinarnos toda la semana para ganar son cosas que están ausentes hace un rato largo en mi vida.

¡¿Hace cuánto que no jugamos un partido?! Veo la fecha de la última crónica y registra un 29 de julio. Un mes casi exacto que parece un año o una década y quizás un siglo, y por qué no, un milenio. Un mes sin pisar una cancha, sin correr, sin tocar una pelota, sin putearse, sin gritar un gol. ¿Se seguirá gritando gol? ¿Habrán cambiado la palabra mágica? No sé. Lo que si sé es que el domingo me van a volver los recuerdos de todo esto y de la mano volverán las ganas de vivir.

Me llegó un rumor de que Cuqui Espinosa viene posponiendo las fechas porque tiene miedo de jugar con Mazoko. Lo ve entonado y sabe que Baila no lo podrá parar. Pero ya nada puede hacer, es el momento de la verdad. ¡Si el domingo no hay fecha que quilombo se va a armar!

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