-¡Hay que ganar como sea!-
-¡Vamos que hoy es un partido clave!-
-¡Dale que si ganamos nos prendemos!-
Muchas frases ya conocidas en el vocabulario de Mazoko para
encarar el partido contra 55. Otra vez era un partido clave, otra vez había que
ganar y otra vez el bordó no decepcionó.
Una vez más se hizo sentir el peso de Juli en la capitanía y
fuimos privilegiados tanto con el horario como con la sede. 14.30 en el anexo
con la cancha que le faltaba un poco de humedad para poder calificar como
desierto. Los botines son testigos de dicho asunto ya que no se les pegó ni el
más mínimo terrón de tierra a ninguno.
La caprichosa comenzó a rodar y se notaba cierta timidez en
los dos equipos. Pocos pases y pocos remates y algún que otro centro que ponía
atentos a los defensores. Corríjanme si me equivoco pero en el primer tiempo no
tuvimos situaciones de gol. Sólo nos dedicamos a escuchar el ruido de la pelota
impactando en nuestro travesaño por duplicado y a sacar la bola de nuestra área.
Mi visión dentro de la cancha era bastante borrosa y recuerdo pocas cosas. Me
acuerdo sí de cómo me dejaron pintado cual Man Gogh por la banda derecha. Me
acuerdo también de la quirúrgica desestabilización (me niego rotundamente a
llamarlo penal) de Diego al delantero en el mano a mano y la gran tapada de
Mati, que luego iba a pecar de humildad diciendo “pateó despacio”.
No la estábamos pasando bien, por lo que decidí salir y ya
junto al lesionado Casey mi visión del partido mejoró, como así también el
funcionamiento del equipo. Espero que haya sido solamente una coincidencia.
En el segundo tiempo se mostró más actitud. El equipo se
plantó más adelante y llegaba con más gente. Las aproximaciones al arco rival
se incrementaban en número pero si había algo que faltaba eran tiros al arco. Se
ve que el Picante se quedó sin condimento y su compañero el Mortero de Recoleta
(así se autodenominó Juako) tenía la pólvora mojada.
Los minutos pasaban y ninguno se sacaba ventaja. Para colmo
llegaban malas noticias dado que “Terremoto” Rito sacudía por quinta vez y
quedaba inhabilitado para el próximo desafío.
Las ilusiones parecían estar perdidas. El reloj pasaba los
cuarenta y cinco minutos y el punto con sabor a poco estaba al caer. La pelota
se la pasaba volando de un lado para el otro y en una de esas el juez cobra una
falta a favor. El huequito de luz se podía ver en el horizonte. Los gritos de
arenga hacían eco mientras la bocha viajaba hacia el área eclipsando el Sol. De
repente se hizo un silencio que sólo fue opacado por el ruido del testazo de
Rama. Las pupilas de todos se dilataban, al igual que la red. La posterior
corrida del goleador hacia la nada y la montaña humana de personas festejando
es algo que quedará inmortalizado en la memoria de todos los presentes. Los
tres puntos eran de Mazoko. ¡Esta racha no nos la van a sacar tan fácilmente,
carajo mierda!
A medida que van pasando las fechas va cambiando el
panorama. ¿Objetivo final? Complicado definir uno. Lo que sé es que el
siguiente partido se tiene que ganar sí o sí.
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